Y ven por mi Luna insoportable.
Llévame hasta el infinito cielo, la oscuridad, el silencio, el espacio.
Para llorar sereno este penar de no tenerla y poder contarte esta necedad de poseerla.
Cada noche y siempre en punto, apareces vanidosamente sobre las selvas y los desiertos de todo el sórdido mundo.
No te olvidas de mí mientras pasan los años. Me conoces y sabes que te busco, por eso me visitas para intentar consolarme con tus testarudos rayos.
Pero no comprendes todavía, que me traes mas desdicha que alegría y que mientras más te contemplo, mas recuerdo su partida.
Tu, luna vanidosa. Que en otros tiempos, cuando mis noches eran apacibles y contentes, te acercabas un poquito para oír las locuras y tonterías, que mientras tu menguana me sonreías, te platicaba gozosamente
Tu. Que con tu llanto se hicieron los mares. Que te escribieron canciones y construyeron tantos altares.
Sabes mejor que nadie en el mundo, de estos profundos penares.
Reconoce pues, que los amores negados, agotan el alma en segundos, en minutos la van desprendiendo y en horas te la arrancan para ya no volver, dejando corazones destrozados.
Tú que conoces del dolor, del sufrimiento, apiádate de mí y llévame contigo, arrástrame hasta tu lecho y allá en el infinito, la oscuridad, el silencio y el espacio. Arrúllame en tu piel albina mientras sueño contarle un cuento a aquella dulce niña.
Tú, que por siglos has sufrido quejumbres, que van quemando la piel como lumbre.
Compadécete de tu eterno cómplice y llévame contigo hasta la cumbre.
Compadécete de tu eterno cómplice y llévame contigo hasta la cumbre.
Y ven por mi luna insoportable.
Que en esta noche de Mayo, me entrego a ti en cuerpo y alma, para entrar por su ventana y entre la divina calma, acariciarla siendo un rayo.
Cada noche sueño sus ojos de perla. Te entrego todo en mi vida, solamente quiero verla.
Y vivir para quererla, sin penar de no tenerla y complacer esta necedad de poseerla
… Y ven por mi Luna insoportable.
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